GEOECONOMÍA DE RUSIA: PODER Y RESISTENCIA Paula Prieto Ararat |@PAULAPRIETO

GEOECONOMÍA DE RUSIA: PODER Y RESISTENCIA

Por: Paula Prieto Ararat |@PAULAPRIETO

Politóloga, M.A en Relaciones Internacionales – Investigadora Independiente en relaciones internacionales y seguridad

20 de febrero de 2019

El cambiante escenario internacional muestra que las naciones se han venido alejando del enfoque tradicional político-militar como su principal mecanismo para alcanzar objetivos en la arena internacional, en cambio, han recurrido a otras instancias, entre ellas la economía.  En este contexto, Blackwill y Harris (2016) definen el término de la geoeconomía como el uso de instrumentos económicos para defender el interés nacional y producir resultados geopolíticos beneficiosos. De esta manera, poderes emergentes como Rusia, han logrado mantener su poder en el escenario internacional.

La geoeconomía no es un concepto nuevo, durante la década de los ochentas, Baldwin (1985) sentó las bases para llegar a la definición actual que se le ha dado al término. Así como su uso tampoco es algo nuevo, puesto que antes de observar el poder militar con el que se asocia a Estados Unidos en el mundo contemporáneo, hay que recordar que la conferencia de Bretton Woods y el Plan Marshall son una muestra clara del uso de instrumentos económicos para obtener beneficios geopolíticos.

Por otra parte, tampoco debe confundirse con la geopolítica, e interpretarlo como un mecanismo de poder duro. En este sentido, Blackwill y Harris diferencian los componentes de ambos conceptos. El poder, como eje central de la geopolítica, es un recurso limitado, por ende el ejercicio del poder de los Estados se entiende como un juego de suma cero, mientras que desde la economía el factor fundamental es la riqueza, la cual al ser ilimitada se presenta como un juego de suma positiva.

En este sentido, el concepto reúne la lógica de la geopolítica con instrumentos económicos y de esta manera, por medio de dichos mecanismos económicos obtener los mismos resultados de suma cero  que podrían alcanzarse por la vía militar. Para Blackwill y Harris, la geoeconomía, además de usar instrumentos económicos para fines geopolíticos, también expone una serie de facultades que determinan que la estrategia usada sea más efectiva, tales como, la habilidad de  un Estado de controlar la inversión extranjera, las características del mercado doméstico, la influencia sobre los commodities tales como los recursos energéticos y por último la centralidad en el gobierno financiero global (entendido como el posicionamiento de la moneda).

La geoeconomía, expone una serie de facultades que determinan que la estrategia usada sea más efectiva, tales como, la habilidad de  un Estado de controlar la inversión extranjera, influencia sobre los commodities y por último la centralidad en el gobierno financiero global (entendido como el posicionamiento de la moneda).


Política Exterior rusa y geoeconomía

Hay dos razones principales que demuestran el impacto de la geoeconomía en el Sistema Internacional y puntualmente las acciones de política exterior de Rusia. En primer lugar, la habilidad política de la geoeconomía, permite elegir nuevas opciones normativas o cursos de acción. Ejemplo de esto es el resurgimiento económico de Rusia a finales de la primera década del siglo XXI contrastado con la crisis económica mundial de 2008, y cómo esto le permitió invadir el territorio de Georgia apoyando la independencia de las regiones de Osetia del Sur y Abjasia.

Posteriormente, en 2014 con la anexión de Crimea, no solo demostró su capacidad militar sino también ratificó su posición de apoyo político a la insurrección prorrusa  en Ucrania. Esta serie de logros para la defensa de su interés nacional, más allá de ser interpretados como el resultado de una política exterior, o de una estrategia militar exitosa, han sido posibles por que precisamente su capacidad financiera le ha permitido resistir las consecuencias de sus decisiones geopolíticas.

El mercado energético como eje fundamental de su política exterior, es la base con la cual el Estado ruso posteriormente ejerce poder militar y a su vez funciona como un blindaje ante las represalias de los Estados que interfieren en sus intereses. Desde su posición privilegiada, usa el abastecimiento energético como una herramienta ya sea de negociación o presión, dependiendo del caso.

Durante la primera década del siglo XXI, el incremento anual de los precios del gas ruso evidencia una brecha entre sus aliados y opositores. Mientras que para gobiernos simpatizantes del Kremlin como Belarús, el precio de 1 TCM de gas se mantuvo en 46 dólares en 2005 y 2006, y su incremento fue de 110 y 125 dólares para 2007 y 2008 respectivamente, para Georgia el precio pasó de 63 a 110 dólares entre 2005 y 2006, y posteriormente aumento a 235 dólares para 2007 y 2008 (Randall, 2019).

La estrategia consiste en subsidiar precios ya sea para ganar o mantener aliados, y posteriormente hacer un aumento significativo para todos sus consumidores en general como se observó en 2017, donde a pesar de incrementar el precio del gas para sus aliados, estos no tienen otra alternativa que seguir siendo su socio comercial al comparar el alza abrupta de precios que impone a sus detractores.

De acuerdo a la base de datos “Russian Sanction Tracker” del Centro para la Estrategia y Estudios Internacionales (CSIS), desde 2012 se han implementado 60 rondas de sanciones dirigidas a individuos, agencias de gobierno y compañías rusas. Las sanciones van dirigidas hacia dos objetivos principales, presionar al gobierno ruso para evitar ataques al territorio del este de Ucrania, y por otro lado, castigar la intromisión en las elecciones estadounidenses y el hackeo de entidades gubernamentales, previniendo  a su vez futuras acciones en este campo.

Pese a las restricciones e impacto económico que estas sanciones traen consigo, Rusia ha logrado seguir en el juego. Como prueba de ello, el informe de panorama económico del FMI indicó en octubre de 2018 que la economía rusa crecería más rápido de lo esperado durante el presente año con un 1.8% gracias a la demanda interna y el alza de los precios en combustible (World Economic Outlook, 2019). Segundo, la geoeconomía permite usar nuevas herramientas de política exterior limitadas o incluso no disponibles para naciones y líderes occidentales. Al observar las relaciones diplomáticas y el encuentro con distintos lideres mundiales durante la era Putin, las acciones para forjar lazos diplomáticos para el gobierno tiene como foco central el factor económico, a diferencia de los gestos simbólicos que acostumbramos a ver en los lideres occidentales.

Desde el préstamo de China para empresas petroleras rusas, como el que se realizó a mediados del año pasado por 10 mil millones de dólares a la compañía del oleoducto Transneft (Reuters, 2017), afectada por las sanciones de Estados unidos, hasta la medalla otorgada por Xi Jinping a Putin honrándolo como “Mejor Amigo” en una ceremonia durante la cumbre de la OCS en la ciudad de Qingdao (no sin antes acordar la creación de un fondo de inversión industrial conjunto por mil millones de dólares (Reuters, 2018), se evidencia una diplomacia pública ejercida por motivos netamente económicos. Lo anterior no quiere decir que los países occidentales actualmente sean ajenos a dichas prácticas a la hora de aliarse y forjar sus relaciones diplomáticas, puesto que las dinámicas de poder son las mismas y seguramente hay una gran cantidad de ejemplos para demostrarlo.

Sin embargo, la diferencia radica en dos cuestiones. La primera, es la imposibilidad de los países occidentales para dar una postura conjunta frente a los desafíos que presenta el fortalecimiento de los países emergentes y el panorama de seguridad en el mundo contemporáneo. Desde tener a China como socio comercial, la dependencia por la energía rusa, o el proteccionismo de Trump han sido temas espinosos donde Estados unidos y sus tradicionales aliados europeos han discrepado o no han dado una postura unánime.

La segunda, tiene que ver con los valores occidentales y los regímenes democráticos, puesto que no es  bien recibido por la sociedad civil y la comunidad internacional, hacer públicas reuniones ostentosas, así como acuerdos comerciales y préstamos de gran monto de un presidente hacia otro solo para congraciarse, sin que haya un objetivo de derechos humanos, ambiental, u otro tema que genere empatía de por medio, y que por ende justifique dichas transacciones económicas.

La dos fortalezas que tiene Rusia para seguir haciendo uso de instrumentos económicos son la incuestionable dependencia de Europa del gas ruso al menos un 37% (CNN, 2019) del gas importado proviene de este país haciéndolo su principal importador, y su alianza con China, donde se pondrá  en marcha a finales del presente año el transporte de recursos energéticos hacia China, con el gasoducto “Power of Siberia”(Asia times, 2018), en un contrato de 400 billones de dólares para la  provisión de gas por 30 años.

Si bien, hasta ahora el gobierno ruso ha hecho frente a la presión internacional y ha sabido administrar el uso de sus reservas para dar prebendas económicas y ganar aliados; al estar sus proyecciones y estabilidad económica basadas en los precios del gas y petróleo, crea un panorama dudoso sobre su capacidad de soportar las sanciones impuestas en un mediano y largo plazo. A tan solo 3 meses de la publicación del panorama económico mundial, durante el Foro Económico Mundial, el FMI anuncia una revisión y un ajuste de sus predicciones para el crecimiento de Rusia proyectando un crecimiento de 1.6% (TASS, 2019) en vez del 1.8% inicial debido a la baja de los precios del petróleo desde noviembre.

Habría que hacer un seguimiento más riguroso de los proyectos financieros del país en cuestión y del impacto de las sanciones ejercidas por Estados Unidos en su política exterior para percibir la efectividad de sus herramientas. En definitiva,  el analizar las dinámicas de Rusia a través del concepto de geoeconomía, permite una mirada más prudente sobre el alcance de sus acciones y distanciarse un poco de la perspectiva de los titulares sensacionalistas que por un lado se limitan a destacar su capacidad militar, y por otro idealizan su alianza estratégica con China, cuando tal vez esta sea inexistente para afrontar de manera conjunta los problemas económicos internos o de seguridad regional del otro.

Referencias

Blackwill, R., y Harris, J. (2016) War by Other Means: Geoeconomics and Statecraft. Cambridge, MA: Harvard University Press.

Baldwin, D. (1985) Economic Statecraft. Princeton: Princeton University Press.

Randall Newnham (2019) Oil, carrots, and sticks: Russia’s energy resources as a foreign policy tool. Journal of Eurasian Studies, Vol: 2, pg.134-143.

World Economic Outlook (2019) Global prospects and policies. Disponible en: https://bit.ly/2MekVgv

CNN (2018) Europe is still addicted to Russian gas. Disponible en: https://cnnmon.ie/2QxRhVl

Asia Times (2018) Power projection, economic resilience, domestic discontent. Disponible en: https://bit.ly/2SQvDQK

TASS (2019) IMF attributes revision of Russian GDP growth outlook to tighter financial conditions. Disponible en: http://tass.com/economy/1041423

Reuters (2018) China’s Xi awards ‘best friend’ Putin friendship medal, promises support Disponible en: https://reut.rs/2TYjIgl

Reuters (2017) Russia’s Transneft fully pays off $10 billion Chinese loan. Disponible en: https://reut.rs/2V7nmof