El SEAFAS: REVISIÓN A SUS APORTES PARA LOS ESTUDIOS ASIÁTICOS Y AFRICANOS EN CHILE

El SEAFAS: REVISIÓN A SUS APORTES PARA LOS ESTUDIOS ASIÁTICOS Y AFRICANOS EN CHILE

Gonzalo Maire | @GonzaloMaire

3 de abril de 2019

Entre el 21 y 23 de marzo, en Chile aconteció una instancia inaugural y reflexiva que, sospecho, constituirá un importante antecedente –entre muchos otros– para la instalación de los estudios sobre Asia y África en el país: la primera versión del SEAFAS (Simposio de estudiantes sobre África y Asia), que fue llevada a cabo en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV).

Esta instancia académica, ejecutada con éxito, sacó a relucir ciertas consideraciones, algunas desapercibidamente, que son problemáticas y atingentes (como también cargadas de proyección), en torno a la necesidad –y las condiciones de posibilidad– de configurar en Chile un campo sostenible para los estudios africanos y asiáticos.

Por lo anterior, quisiera registrar algunas de esas cuestiones vitales y a la vez aplaudir otros elementos meritorios relacionados: el asunto generacional de las investigaciones sobre el Asia y el África, el lugar que ocupa la necesidad del problema de lo asiático-africano en el pensamiento chileno y la capacidad de reunir espacios e instituciones, a partir de un proyecto unísono de trabajo.

El SEAFAS y las relaciones Chile-APEC

El SEAFAS se forja desde un doble peso contextual: por una parte, desde una agenda país 2019 que se construye, a través de espacios oficiales y no oficiales, en torno a la realización de la APEC en noviembre. La cartelera de reuniones y eventos, que si bien están calibrados desde un fuerte rasgo económico (en un sentido restrictivo), inscriben aperturas para un descubrimiento más transitivo o multidisciplinario de Asia y, por empuje, de África. Al menos, con la APEC se da una posibilidad ambigua de discutir estos bloques culturales con algo de soltura. Véase allí, por ejemplo, el variopinto de actividades expresadas en los centros culturales y las embajadas participantes. Por otra parte, se halla aquí el efecto de las influencias mediales más contemporáneas y populares del Asia y África bajo la figura de una inquietud, enraizada en la formación de muchos estudiantes universitarios: temas como la cultura popular, el idioma y la moda hacen mella en una tentación por adentrarse en el lado menos iluminado de la denominada Historia Universal.

El Simposio de estudiantes sobre África y Asia, iniciativa originada de un grupo de estudiantes de la carrera de Historia, donde destaca su coordinador general, Ignacio Tapia Gatica, apuntala esa doble contextualidad como punto de partida: aquel desasosiego (llámese curiosidad, interés o inclinación particular) por lo africano y asiático, a la vez, se aloja como resistencia y reticencia hacia una formación académica que acentúa la mirada eurocéntrica de la Historia y excluye la periferia, en tanto a lejanía e inutilidad. El asunto antedicho sobre lo generacional, la necesidad y el llamamiento, sólo es concebible desde esta conciencia de los estudiantes por su propia insuficiencia de perspectiva, y también por el querer-ser partícipe de lo otro.

Así, pues, el sello generacional –primer componente singularísimo de este encuentro– quedó en evidencia al ser el primer simposio de estudiantes de pregrado que se aproximó a África-Asia desde un esquema multidisciplinario y asociativo (se convocó a estudiantes de Humanidades y Ciencias Sociales de todo el país), colocar en escena un tipo de pensatividad que está en plena gestación –muchas de estas ponencias fueron investigaciones de pregrado y los resultados de talleres de tesis, y donde los temas abordados agitaban –lo llamaré así– el margen entre los intereses de los autores y la necesidad de proyectarlos como un campo de estudio troncal y profesional.

El sentido inicial del simposio es tan relevante como el apoyo institucional que recibió por parte de la universidad. Ciertamente, el SEAFAS fue una actividad co-participativa con ALADAA CHILE, que ofició de coorganizador y apoyó en el aspecto evaluador-académico; sin embargo, la labor desempeñada por el Instituto de Historia de la PUCV, tanto en el patrocinio y perfil institucional, la entrega de recursos económicos (vía Fondo Vinculación con el Medio) como en el afán de extender los rendimientos del encuentro desde un nexo con la comunidad; refleja un cambio de paradigma, del que es tributario, en el manejo crítico de África y Asia como nichos de exploración.

Dedicarse como camino de vida a los estudios asiáticos y africanos, aún con todas las limitaciones de formación existentes, sintomatiza un ímpetu por su establecimiento definitivo y problematicidad desde la coyuntura nacional. No es una mera formalidad de la universidad y el grupo organizador, sino la acreditación de un fenómeno global en que el pensamiento chileno no puede sustraerse. Desde la perspectiva del buen recibimiento de la comunidad, respecto al simposio y la feria cultural que congregaron, es posible advertir notoriamente una juntura entre los intereses académicos de los estudiantes y las expectativas de la sociedad por impregnarse con estas constelaciones culturales e históricas; conciencia palmaria de apertura hacia el mundo que, si se quiere, está muy emparentada con una política de Estado que aboga por la globalización y la apertura comercial de Chile.

Pero, no se olvide que, en el ámbito académico más estricto e intolerante, el mero gusto o afinidad por un tema no define ni augura su efectividad como problema compartido. Aún así, el SEAFAS documentó su conciencia de intención, esto es, la de organizarse como el lugar de un debate de pertinencia; algo que aplaudo efusivamente. Y para rematar lo dicho: se espera que un conjunto de las ponencias presentadas, a través de una evaluación, sean publicadas en la revista de la carrera de Historia.

Como corolario, indico que ese esfuerzo comunitario puso en relieve que, por más que se quiera invalidar, la experiencia y el anhelo por lo asiático y africano desbordan en Chile lo puramente economicista (o práctico) del fenómeno. Pero, sobre todo, que el SEAFAS y sus participantes permitieron desarrollar una doble jornada de exposiciones, más una feria cultural, en que se documentó el trabajo de las nuevas generaciones de profesionales e investigadores nacionales. Todos ellos, seguramente, serán la nueva oleada de intelectuales que revitalizará y dará finiquito, esperamos, al tan insistente péndulo de los estudios africanos y asiáticos en Chile: ese tránsito entre el gusto personal hacia la necesidad nacional.

Finalmente, el último elemento que deseo exponer en estas líneas, bosqueja una de las improntas más seductoras y demostrativas de esta primera versión del SEAFAS: su potencialidad para lograr asociaciones, que conjuró en potentes diálogos entre instituciones afines y espacios heterogéneos que sintonizaron con su proyecto.

Aquello, me parece, contrasta con dos diagnósticos errados y muy articulados –una suerte de prejuicios– que se han ido perpetuando en el contexto nacional. El primero es la fijación en que Santiago aglutina (o exige), casi exclusivamente, las actividades vinculadas al África y Asia (sean académicas o no), apelando al afanoso centralismo de Chile. En este caso, el SEAFAS fue a contramano de esta lectura, diseñando la actividad en Valparaíso y convocando la interacción entre instituciones regionales como metropolitanas.

Y allí, se debe consignar como dato fuerte, además, la pujante masividad que consiguió el encuentro. Lo segundo apela, en última instancia, a las dificultades de mancomunar instituciones bajo un mismo derrotero, en cuyas dinámicas de trabajo se tendería al hermetismo y el carácter autorreferente. Esta imagen también responde a una equivocación repetida, ya que el carácter interregional del simposio impulsó un gran acuerdo de colaboración entre asociaciones que, desde el primer momento, tuvieron un carácter incondicionado de apoyo, como la revista Raíces de Expresión, el Instituto Confucio, MOA Chile, Cruzando el Pacífico, el Museo Artequin y La Dirección de Relaciones Internacionales (DRI PUCV).