LA VISITA DE XI JINPING A EUROPA Y LA RUTA DE LA SEDA DEL SIGLO XXI

LA VISITA DE XI JINPING A EUROPA Y LA RUTA DE LA SEDA DEL SIGLO XXI

Por: Camilo Defelipe Villa

24 de abril de 2019

En la obra El corazón del mundo de Peter Frankopan (The Silk Roads, según su título original) la intersección geográfica entre las subregiones de Asia es el punto neurálgico de la historia euroasiática pasada y futura. El corazón del mundo no es un país en particular sino una región que conecta a través de diferentes rutas terrestres una Asia económica y políticamente avanzada con una con una Europa históricamente marginal. El texto reconfirma el carácter insular y dependiente del libro Reorientar de Andre Gunder Frank para quien el ascenso de Europa fue posible gracias a que la plata extraída de América Latina durante la colonización financió su acceso a los mercados de Asia, en especial el de China.   Sin embargo, a partir del siglo XIX, durante el dominio europeo, las avenidas de comunicación de Asia con Europa serán designadas simplemente como la “Ruta de la seda” lo que en adelante permitiría concebir a Eurasia no solo como una zona geográfica sino como una región de integración que puede ser diseñada.

Hoy, la “Ruta de la Seda del Siglo XXI” o – de manera más oficial “One Belt and Road” (en adelante OBOR), es un concepto simplificado del fenómeno histórico que expone Frankopan en su obra. Para ello, el proyecto se vale del lenguaje de la integración económica de origen europeo, para así cobrar forma dentro de las prácticas del comercio global y el multilateralismo. El corazón del mundo y sus arterias asumen entonces un protagonismo renovado gracias a su bagaje euroasiático.

Frente a este antecedente histórico, las visitas chinas de alto nivel (Xi Jinping en marzo de 2019 y Li Keqiang en abril) a Italia, Francia, Mónaco y Bruselas reflejan la vigencia de las rutas de la seda históricas que Frankopan describe en su libro.  Este encuentro refleja la importancia de la versión del siglo XXI de las rutas de la seda para China y Europa en dos frentes amplios.  Por un lado,para Europa los beneficios de unos vínculos económicos con China debidamente regulados se traducirían en la realización de grandes potenciales de mercado a lo largo de la “Franja” de infraestructura e integración, y por el otro, la firma del acuerdo de entendimiento para la adhesión de Italia a la Franja y la Ruta en marzo de 2019 es un acto que contribuye a la formalización y legitimización de OBOR como proyecto de integración económica estándar.

Europa y China son importantes socios comerciales. Las importaciones a la Unión Europea desde China crecieron de 250,000 millones de euros en 2008 a casi 400,000 millones en 2018 mientras que en el mismo periodo las exportaciones hacia China pasaron de casi 100,000 millones a más de 200,000 en los mismos años, lo que hace de China el segundo socio más importante de la Unión Europea después de Estados Unidos (Eurostat, 2019).  De manera similar, los países de Europa Oriental que conforman el Grupo de los 16+1 han expresado su interés por OBOR.  Sin embargo, la relación reciente entre China y Europa no ha sido del todo fluida.

Actualmente, la Unión Europea considera a China como un “rival sistémico” debido a la acumulación de prácticas comerciales irregulares, transferencia de tecnología forzada y altos aranceles impuestos por China que la Organización Mundial del Comercio no ha logrado frenar. Pese a ello, la actitud reciente de los miembros más fuertes de la Unión Europea frente a las visitas oficiales de Beijing indica el reconocimiento indirecto del “destino compartido” definido por el proceso histórico de regionalización entre ambos que se describe en El corazón del mundo.

Lo anteriores evidente en el contexto de la disputa comercial entre Estados Unidos y China donde Europa no parece concebirse como aliado geoeconómico de Washington. Por otro lado, en el caso de la controversia con Huawei por su evasión de las sanciones contra Irán y su supuesta capacidad de espionaje, la posición de Alemania, Reino Unido, Italia y la de algunos países de Europa oriental frente a China es más conciliadora que la de Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda.  El bloqueo que Washington intenta hacer a Huawei no ha tenido éxito en Europa debido a que una exclusión de esta empresa tendría efectos sobre la infraestructura y el desarrollo de las empresas de tecnología de la información y la comunicación de la región.

Sin embargo, el mayor temor es político, pues tanto el Reino Unido como Alemania temen que las represalias de China sobre el cerco estadounidense y canadiense puedan llegar a replicarse contra sus empresas de tecnología que operan en China. A cambio, estas dos economías han optado por exigir a Beijing mayores condiciones técnicas que garanticen el uso ético de la tecnología, lo cual bien puede ser un indicio de la necesidad de formalizar la integración euroasiática por medio de prácticas económicas reguladas y balanzas comerciales estables. 

Actualmente, la Unión Europea considera a China como un “rival sistémico” debido a la acumulación de prácticas comerciales irregulares, transferencia de tecnología forzada y altos aranceles impuestos por China que la Organización Mundial del Comercio no ha logrado frenar

De manera similar, la competencia entre Airbus y Boeing demuestra en Asia la independencia geoeconómica de Europa respecto a Estados Unidos. Recientemente China acordó comprar trescientos aviones a Airbus por un estimado de 35,000 millones de dólares (Bloomberg, 2019). Ello además de contribuir a la creciente demanda de aviones comerciales en China también estimularía el desarrollo la cadena productiva de la Unión Europea. Pero más allá de ello, facilita la expansión de los estándares del ecosistema tecnológico y productivo europeo representado en su industria de aviación a China, lo cual posibilita una mayor integración de China en el sistema y mercado de estandarización europeo a expensas del estadounidense.

Esto sería posible gracias a que el sistema europeo y chino son similares respecto al mayor rol del estado en la generación de estándares mientras que el sistema estadounidense delega la responsabilidad al mercado. Debido a que el sistema europeo tiene un mayor grado de institucionalización y de capacidad de coordinación por parte del estado, este se encuentra en mejores condiciones para responder a los cambios tecnológicos externos, a las demandas de calidad y seguridad de los consumidores y de garantizar la seguridad nacional europea. Sin embargo, el sistema chino aun cuando es similar al europeo está en proceso de desarrollo y no alcanza este ideal europeo debido a la mayor rigidez de la intervención estatal y a la falta de una comunicación efectiva entre las necesidades del mercado y los agentes encargados de generar los estándares correspondientes.  En tal sentido, la afinidad con el sistema europeo le permitiría a China desarrollar un sistema de estandarización eficiente, orientado al mercado y técnicamente avanzado pero equilibrado sin desconocer la importancia del estado en la economía.

Ello representa un beneficio importante para los actuales esfuerzos de Beijing por formalizar de la Franja o Belt (es decir el corredor de infraestructura), la cual debe darse a partir de la estandarización del universo de sus protocolos logísticos como procedimientos de aduanas, impactos medioambientales, características técnicas del transporte y la infraestructura entre otros, para lo cual el aprendizaje de Europa puede contribuir.  De manera similar, a nivel institucional, tanto las operaciones como la legitimidad de entidades en las que Beijing participa y contribuyen al proyecto OBOR como el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura y el Banco Asiático de Desarrollo, dependen de Europa en la medida que varios de sus países son colaboradores directos y han asumido riesgos financieros. En esta medida, gobiernos y empresas europeas pueden incitar a los países receptores de inversión china a demandar mejores prácticas de negocios, transparencia y mejores términos. De esta forma, una cooperación en todo nivel de las normas que componen los regímenes económicos permitiría a China obtener de Europa aquellos bienes públicos necesarios para la formalización del regionalismo de OBOR.

Conclusión

Para que el proyecto de consolidar un cinturón regional de Europa a Asia madure y beneficie a ambas artes es fundamental establecer acuerdos económicos legalmente vinculantes. Debido al carácter más informal de los esquemas de integración asiáticos y en particular los de China, dependerá en buena parte de Bruselas lograr coordinar una política europea frente a China.  Las reservas iniciales de Alemania y Francia durante la visita de Xi Jinping a Italia y frente a su la adhesión a OBOR manda un mensaje disciplinante para Beijing.  El pasado 9 de abril Beijing se comprometió en Bruselas a no discriminar las empresas europeas en China, a aumentar esfuerzos para fortalecer las reglas internacionales contra subsidios estatales industriales y de manera más importante, a no obligar la transferencia de propiedad intelectual para poder acceder a este mercado.  Tal gesto es por tanto coherente frente al imperativo de reglamentar a OBOR

Si bien en términos económicos Eurasia podría tener una nomenclatura económica “OBOR+UE”, lo más difícil será conciliar las diferencias en temas de derechos humanos y de visiones de mundo dentro de una “Comunidad de destino común para la humanidad”.  El proyecto de Xi Jinping aún tiene un largo camino por recorrer para estructurarse como un verdadero proyecto de regionalización euroasiático. De todas formas, su visita a Europa fue un paso en la dirección correcta hacia el renacimiento de las rutas de la seda del siglo XXI.

Referencias

Boucher, R. (29 de Marzo de 2019). China’s Belt and Road: A Reality Check. The Diplomat.

Eurostat. (Abril de 2019). Eurostat. Obtenido de China-EU – international trade in goods statistics: https://bit.ly/2FKjhUv

Frankopan, P. (2016). El corazón del mundo: una nueva historia universal. Editorial Crítica.

Giraldo, G. (10 de Marzo de 2019). Una de intriga y espionaje: la empresa Huawei y los cinco ojos de Occidente. El Tiempo Argentino. Obtenido de https://www.tiempoar.com.ar/nota/una-de-intriga-y-espionaje-la-empresa-huawei-y-los-cinco-ojos-de-occidente

Ikenberry, J., & Lim, D. (Abril de 2017). China’s emerging institutional statecraft: The Asian Infrastructure Investment Bank and the prospects for counter-hegemony. Brookings.

Jorowitz, J. (30 de Marzo de 2019). Italy’s Deal With China Signals a Shift as U.S. Influence Recedes. The New York Times. Obtenido de: https://nyti.ms/2TP8kT8

Katz, B., Viscusi, G., & Fouquet, H. (26 de Marzo de 2019). Airbus Secures $35 Billion China Deal in New Blow to Boeing. Bloomberg. Obtenido de: https://bloom.bg/2WoC0Z6

Keegan, E., & Ng, T. (8 de Abril de 2019). Smaller European states give EU greater say over China deals to ease concerns over Beijing’s influence. South China Morning Post. Obtenido de: https://bit.ly/2W4ja9E

Mattli, W., & Büthe, T. (October de 2003). Setting International Standards: Technological Rationality or Primacy of Power? World Politics, 56(1), 1-42.

Pugliese, J. (6 de Abril de 2019). As Rome embraces the New Silk Road, Beijing may be turning the corner. South China Morning Post.

The Techonomic Cold War With China. (27 de Febrero de 2019). IntelligenceSquared Debates. Obtenido de: https://bit.ly/2UBs25h