Cuando el COVID19 retó al neoliberalismo y a la globalización

Columna Especial COVID-19

Raquel Isamara León de la Rosa

En las redes sociales, se han popularizado algunos artículos, es especial dos, “Plagados de trumpismo” de Joseph Stiglitz y “El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill que podría reinventar el comunismo” de Slajov Zizek. Por un lado, Stiglitz cuestionando la capacidad de acción del Estado neoliberal en Estados Unidos y haciendo un llamado a la respuesta global de un fenómeno transfronterizo; y por otro lado, Zizek rescatando la necesidad de una catástrofe como ejercicio para repensar la dinámica de la sociedad actual y la debilidad instituciones que la rigen. Claro está que la argumentación de cada uno recae en la base filosófica en dónde se han construido respectivamente. Más allá de las críticas que se pueden discutir sobre el planteamiento que hacen, existe un punto en común, la vulnerabilidad del neoliberalismo.

Si bien los últimos meses de 2019 dejaron ver parte de la insostenibilidad de este pensamiento en los países en desarrollo, con la crisis en Chile; es en 2020 con una emergencia sanitaria que las instituciones heredadas del neoliberalismo comienzan a tambalear. A partir de esto, el siguiente artículo tiene como objetivo identificar las fallas de la estructura actual dentro del sistema internacional y sus actores, a partir de la pandemia que ha generado el COVID19. Esto a través de señalar algunos aspectos importantes del por qué se evidencia la falla de este paradigma. De igual manera, rescatar y descartar algunos planteamientos económicos previos sobre cómo entender el papel del Estado y la globalización.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

Hablar del siglo XXI es rescatar los últimos años del abrupto siglo XX, en donde la mayor parte de éste estuvo marcada por la dinámica internacional de la guerra y la paz. Si embargo, hacia la última parte de este siglo se sentaron las bases lo que hoy vivimos. De manera simplista, se identifican dos momentos clave: el transnacionalismo productivo y el colapso del Estado benefactor, aspectos que junto con el crecimiento demográfico y sus implicaciones adelgazaron el papel del Estado en la dinámica internacional; dando paso a la supremacía de la agenda económica como eje rector de la vida política y social. Al mismo tiempo, la pérdida de espacios tradicionalmente estatales permitió el ascenso de nuevos actores en la escena internacional: la empresa y la sociedad organizada. Por lo tanto, se pasó de la mano visible del Estado a la mano invisible del mercado. Fue gracias al transnacionalismo productivo y el avance tecnológico que pasamos de lo internacional a lo global.

coronavirus covid-2019 Mujer en Rusia. Paren el panico de la pandemia.
Fuente: Wikicommons

Transitamos de un mundo bipolar determinado por dos superpotencias inmersas en una Guerra Fría a un mundo de centros y periferias en función factores de producción. Llegó la globalización como un fenómeno que reafirmó y legitimó el posicionamiento del neoliberalismo y sus instituciones, generando a nivel económico una mayor interdependencia económica e interconectividad. A nivel económico, el libre comercio se convirtió en el estandarte de los Estados y sus relaciones internacionales, creando políticas comerciales en un primer momento vinculadas a productividad a partir de economías de escala, para después centrarlas en competitividad y cadenas de valor. Estos dos planteamientos reafirmaron la estructura del sistema internacional basada en la dinámica centro-periferia, pero al mismo tiempo permitió la aparición de economías emergentes a principio del siglo XXI. De igual manera, a nivel financiero la evolución de los acuerdos del Bretton Woods al Smithsonian, en donde el dólar se erigió como moneda fíat, permitió una reconfiguración y solidificación de los mercados de divisas, como un sistema operativo las 24 horas.

Transitamos de un mundo bipolar determinado por dos superpotencias inmersas en una Guerra Fría a un mundo de centros y periferias en función factores de producción

Sin embargo, es en este punto en donde se han hecho presentes un número importante y recurrente de crisis en los noventa (Japón, Sureste asiático, América Latina y Rusia) y en la primera década del siglo XXI en Europa y Estados Unidos. Estos eventos dejaron ver la vulnerabilidad de la mano invisible, sin embargo, el claro liderazgo norteamericano en la mayoría de las crisis permitió la continuidad del paradigma, siendo la excepción la crisis del año 2008, en donde las economías emergentes de los BRICS reactivaron la dinámica económica.

De manera simultánea, la globalización económica tuvo su impacto en la sociedad generando una mayor brecha de desigualdad entre la población del mundo, en donde el capitalismo evidenció el incremento de la inequitativa distribución de la riqueza y la pobreza, dando como resultado la privación como un factor determinante en el desarrollo humano.

Al mismo tiempo, los modelos productivos de finales del siglo XX llevaron a una sobreexplotación de los recursos naturales, provocando una alteración del medioambiente, que desencadenaría en el cambio climático. En pocas palabras, la conjunción de todos estos elementos nos insertó en el capitaloceno. Entendido como una fase en donde el capitalismo no solo nos ha llevado una acumulación de capital, sino también a la extinción a partir de sus actividades (Dawson, 2016). Este capitaloceno desdibuja escenarios como el que hoy se vive ante una pandemia, con un virus que a 82 días de su notificación ha contagiado a más de 275 mil personas en todo el mundo (OMS, 2020), llevando al establecimiento de cuarentenas que impactan a las actividades económicas en los países en dónde está presente. Esto entendido a partir del grado de interdependencia económica que la globalización ha dejado en todo el mundo.

Como se visualiza en este apartado, la llegada del neoliberalismo conllevó a un papel reducido del Estado y a una reconfiguración de potencias. El principio del siglo XXI se recordará por el choque de dos potencias de impacto global, Estados Unidos y China; actores que en los últimos dos años han protagonizado una guerra comercial, como escenario más visible para medir fuerza; sin embargo, no es el único, ya que cada uno ha desarrollado una serie de estrategias de posicionamiento, siendo la geoeconomía la que China ha sabido utilizar perfectamente para tener legitimidad en su protagonismo en la política internacional. En este caso, el COVID19 como pandemia es otro escenario en donde estas dos potencias muestran capacidad de agencia, y el resultado de esta crisis será un punto importante para la legitimidad de aquella que permita liderar la política internacional post-Covid19.

El principio del siglo XXI se recordará por el choque de dos potencias de impacto global, Estados Unidos y China; actores que en los últimos dos años han protagonizado una guerra comercial, como escenario más visible para medir fuerza; sin embargo, no es el único, ya que cada uno ha desarrollado una serie de estrategias de posicionamiento

Por qué no regresar a viejos modelos, el reciente debate de la globalización y el Estado

Ante el escenario de parálisis de la economía a nivel global, sale a relucir el papel del Estado. Por lo que no es raro aclamar la acción del Estado en esta situación de emergencia. Sin embargo, la pregunta es ¿cómo debe intervenir el Estado? Algunos Jefes de Estado, siendo el primero China, han determinado llevar a cabo medidas de impacto social. Pareciera que un Estado benefactor asoma su cara ante esta situación, en donde los gobiernos de países como Francia, Canadá, Estados Unidos, Alemania han lanzado programas de apoyo en condonación y ayudas a grupos vulnerables ante la crisis. Sí bien es responsabilidad del Estado resguardar a su población de cualquier eventualidad que la ponga en riesgo, la idea de la reimplementación del keynesianismo en su esencia pura es algo insostenible, ya que no hay que perder de vista las condiciones a nivel estructural del Estado neoliberal y de la agencia de otros actores y sus intereses en la construcción de política pública, aspectos que no eran los mismos al momento de la posguerra. ¿Cuál es el grado de sostenibilidad de estos planes de emergencia sobre seguridad social para no generar deuda y no generar otro tipo de crisis a largo plazo?

Para entender un poco el escenario que se vive y la cuestión del Estado, es importante revisitar Dani Rodrik y su trilema de la globalización. Los postulados de Rodrik (2010) preveían un escenario en donde el binomio de la hiperglobalización y el Estado dan como resultado una democracia y un Estado de Bienestar débil.  De igual manera, Rodrik rescata la fragilidad de la globalización en sus laxas instituciones y la supremacía de los intereses privados a nivel global. Ante esto, se entiende la razón por la que una pandemia muestra esta fragilidad de la globalización, entendida hoy por impacto en el comercio internacional y caídas en las bolsas de valores, que a su vez evidencia la debilidad del Estado.

En su obra, Rodrik deja una pista sobre la búsqueda del equilibrio entre Estado y mercado. Esto da pie a la teorización de la estrategia de posicionamiento de las economías emergentes a través de Justin Yifu Lin y el Nuevo Estructuralismo Económico (NEE). Como se mencionó, la recuperación de la crisis del 2008 cayó en las manos de los BRICS, grupos de países que con el paso de los años dejaron ver quiénes o quién lideraba esta recuperación a través de pruebas en aspectos políticos y económicos, como la trampa del ingreso medio. En el NEE, se esquematiza el proceso de China para generar desarrollo económico a partir de la asignación de recursos por parte del mercado y el activo papel del gobierno en la coordinación de las inversiones (Lin, 2012). Por lo tanto, este modelo es el que desafía al trilema de Rodrik y permite entender el papel que el gobierno chino puede tener en este momento de la pandemia, cuando cerca del 90% de las personas contagiadas se han recuperado y al parecer la vacuna china se ha probado con éxito, sin dejar de lado que ahora china envía ayuda a otros países con el know how desarrollado.

COVID 19 y sus particularidades para poner de cabeza al capitalismo ¿Estábamos listos?

El capitaloceno nos ha dejado ver que fenómenos como el cambio climático son transfronterizos y se requiere de una agenda conjunta para poder combatirlos. En este caso, a diferencia del cambio climático que ha sido un proceso más lento en percepción de resultados, el COVID19 comparte esta particularidad transfronteriza, pero la diferencia de la rapidez de su impacto con el número exponencial de casos por día y zona geográfica. Estas dos características lo hacen un catalizador para la ineficiencia del capitalismo y nos muestra que no hay capacidad de respuesta inmediata para prevenir una pandemia y sus impactos políticos, sociales y económicos.

En el caso del Estado neoliberal, el COVID19 ha destapado una serie de aspectos sobre el propio paradigma. En primer lugar, la limitación territorial en su campo de acción para contener un evento así, esto aunado al raquítico sistema de salud en el mundo ante los procesos de privatización de este sector y la innovación en biotecnología como un tema en manos capitales privados y/o Estados con características como China. En segundo lugar, deja ver quiénes son los países con mayor vulnerabilidad ante la globalización al ser dependientes a nivel comercial y financiero de la mano invisible del mercado, el encadenamiento productivo, los precios internacionales de commodities e, incluso, la fragilidad del actual sistema monetario ante la especulación en los mercados financieros.

En tercer lugar, a nivel interno, puede llegar a desestabilizar el status quo de élites gobernantes ante la capacidad de acción y resolución de los actuales mandatarios, llevando a un punto más interesante a aquellos países en procesos electorales. Por último, la fragilidad de la globalización y las redes sociales, en dónde el propio tema genera información y desinformación, creando valores y antivalores como sociedad a través de la manipulación y la prensa. De manera física y virtual, somos testigos de la propia trampa que para nosotros mismos es la globalización ante una pandemia al no poder tener una rutina de vida plena y ahora experimentar el encierro, aquello que llamamos trabajo se limita y se transforma.

Algunos comentarios finales

Como conclusiones, el paradigma neoliberal vive un colapso ante las excepciones en la regla. Es decir, el binomio COVID19, como detonante transfronterizo de inmediato impacto, y China, como un Estado con características no plenamente neoliberales, permiten emerger las debilidades del paradigma capitalista exacerbado por la globalización. Por eso, lo interesante es ver la evolución del papel de China, como el país que pudo controlar y exporta su know how con respecto a este virus.

En pocas palabras, en una primera fase experimentamos el mundo globalizado con una China paralizada, y ahora damos paso a un mundo paralizado con una China activa. A nivel política internacional, el tiempo a suceder es interesante para un mayor posicionamiento chino, en donde es probable que se muestre otro aspecto importante en la trampa y la fragilidad de la globalización y el Estado neoliberal, que es el monopolio chino de la biotecnología y su impacto en la seguridad societal. La crisis del COVID19 evidencia el contraste entre privilegios y privaciones entre los distintos actores estatales y funcionales en el sistema internacional, por esto es importante repensar modelos económicos y de producción sostenibles, inclusivos y empáticos, una tarea que queda en manos del actor más pasivo en esta crisis, que es la sociedad.

Referencias

Dawson, A. (2016). Extinction. New York: OR Books.

Rodrik, D. (2010) The Globalization Paradox. New York: Norton Company.

Lin, J. Y. (2012). New Structural Economies. Washington DC: Banco Mundial.