Artículo: Del Río Orange al Monte Fuji. Las relaciones históricas y estratégicas entre Sudáfrica y Japón

Del Río Orange al Monte Fuji. Las relaciones históricas y estratégicas entre Sudáfrica y Japón

Autor: Luis Edel Abreu Veranes

Resumen:

El presente artículo pretende demostrar cómo se fueron construyendo las relaciones entre Sudáfrica y Japón desde sus cimientos, a través de la articulación de intereses de mutua conveniencia. Los vínculos entre ambas naciones atravesaron disímiles obstáculos durante el siglo XX, relacionados con el endurecimiento de la política etno-racial del colonato blanco sudafricano, especialmente su rama afrikáner, artífice del apartheid. Sin embargo, los nexos entre los dos países se fueron fortaleciendo a través de un pragmatismo económico que atravesó momentos difíciles, principalmente en el contexto de la lucha contra el apartheid. El texto reconstruye los principales puntos de inflexión que caracterizaron esa relación histórica hasta nuestros días.

Palabras clave: Apartheid, pragmatismo económico, relaciones bilaterales, Naciones Unidas, inversión extranjera

Abstract:

This article aims to demonstrate how the relations between South Africa and Japan were built from their foundations through the articulation of mutually beneficial interests. The ties between both nations faced diverse obstacles throughout the 20th century, related to the hardening of the ethno-racial policies of the whites South African settler regime, especially its Afrikaner branch, the architect of apartheid. However, the bonds between the two countries were strengthened through economic pragmatism that endured difficult moments, mainly in the context of the struggle against apartheid. The text reconstructs the main turning points that have characterized this historical relationship up to the present day.

Keywords: Apartheid, economic pragmatism, bilateral relations, United Nations, foreign investment

Introducción

En el camino de las naciones imperialistas se desarrollaron encuentros y desencuentros en las postrimerías del siglo XIX que condujeron los vericuetos de las alianzas que se conformarían y conducirían a la Primera Guerra Mundial, como resultado de las contradicciones interimperialistas propias de una fase superior del capitalismo. Una de las naciones que no formaban parte de ese pequeño núcleo de las tradicionales potencias, pero que emergieron con una gran fuerza debido a sus procesos endógenos, fue Japón. El país del sol naciente después del Meiji se abocó a un conjunto de transformaciones estructurales que le posibilitaron una vida exterior mucho más activa. Y es ahí cuando se observa el gran encuentro entre Japón y Sudáfrica.

La nación Austral se encontraba, por su parte, concentrada en un racimo de disensos que había cubierto todo el curso del siglo XIX, entre los colonatos inglés y boer por el control político de las colonias sudafricanas y de sus economías, esas divergencias se agudizaron después de los descubrimientos de los grandes yacimientos de diamante y oro, esos dos polos de poder se enfrentarían a fines de siglo en la Guerra Anglo-Boer que Lenin calificaría como la primera guerra imperialista.

La presente investigación pretende reconstruir los puntos de inflexión en las relaciones entre Sudáfrica y Japón con el objetivo de demostrar el predominio de un pragmatismo económico en la dinámica de los vínculos entre ambos Estados. Aunque este acercamiento entre la nación Austral y el país del Este asiático se puso a prueba por los contextos sociopolíticos atravesados como las Guerras Mundiales y el Apartheid, en la larga duración dicho en términos braudelianos, predominó un creciente acercamiento marcado por las posibilidades para el desarrollo industrial de ambas naciones que se anclaba en los cuantiosos recursos naturales del país de Mandela y el poderoso crecimiento industrial de Japón, que se aceleró en los años de la segunda posguerra. Algunos de los principales vericuetos en el estrechamiento de los lazos entre Sudáfrica y Japón serán el eje central de este trabajo.

Desarrollo

Antecedentes

La intensidad de la vida exterior de las naciones imperialistas y emergentes de la época facilitó el acercamiento entre Sudáfrica y Japón, incluso desde antes de convertirse Sudáfrica en una unidad política única. Las guerras de Japón con China y Rusia colocaron al país nipón en condiciones muy favorables por su expansión hacia el exterior, como ocurría con los Estados imperialistas en ese escenario.

El investigador Katsuhiko Kitagawa (1990) coloca en un lugar privilegiado de ese acercamiento entre las dos naciones el flujo de información existente a nivel consular que se constata en la documentación de los informes consulares de la época. En estos se reflejan los esfuerzos del Estado japonés por expandir su economía hacia el exterior[1].

Los datos recogidos por Kitagawa, sobre esta información, demuestran que al inicio no eran muy fluidos los intercambios con relación a África, y específicamente Sudáfrica. Parece ser que las primeras informaciones sobre el continente aparecieron en el Journal of Commercial Report, una publicación mensual del Ministerio de Relaciones Exteriores que salió entre finales del siglo XIX e inicios del XX, durante las épocas Meiji y Taisho.

Desde esa temprana época era evidente que Japón prestaba especial atención a los posibles mercados para las manufacturas japonesas. Los representantes japoneses se esforzaron también por recolectar toda la información posible relacionada con el comercio exterior sudafricano, con los mercados de los diferentes productos y la intensa actividad minera de Sudáfrica. Por otro lado, después de creada la Unión Sudafricana ya se consolidaba el perfil racista y la victoria de las ideologías más conservadoras en las élites políticas y en los programas de gobierno de la Unión. Por parte de los representantes y reportes nipones se destacaban los intentos por remover el statu de los japoneses que habían quedado marginados, como parte de la población asiática, integrada en su mayoría por indios, en el caso sudafricano.

En esa dirección las gestiones de los japoneses estarían encaminadas a buscar una negociación con el gobierno sudafricano para favorecer la inmigración japonesa, proceso que era vetado por la ley de inmigración de 1913. El interés por Sudáfrica quedó plasmado a través de la intención política de los nipones de extender una diplomacia comercial y económica hacia la nación del río Orange.  Esto le permitiría ganar una nueva plaza comercial japonesa, que contribuyera a su desarrollo endógeno. Para Japón era fundamental colocar aquellas mercancías excedentes de su mercado interno y Sudáfrica fue identificada como un espacio fundamental dentro de esa ecuación de expansión comercial japonesa.

Durante los años veinte y treinta hubo un aumento considerable de la exportación de mercancías japonesas hacia Sudáfrica. En ese sentido se debe recalcar el desarrollo marítimo de las navieras japonesas con itinerarios africanos. Desde 1916 la Osaka Shosen Kaisha (OSK) había creado una línea marítima que tenía como principales puntos de desembarco los puertos sudafricanos como Durban, Port Elizabeth, Cape Town entre otros. De esta forma Japón pudo ir perforando el mercado sudafricano y de otras regiones de África, a pesar de recibir un trato discriminatorio con relación a las mercancías del Imperio Británico y las leyes proteccionistas.

Durante los primeros años de la Unión Sudafricana Japón estuvo representado por Julius Jeppe[2]. Este representante  inició las gestiones frente al gobierno sudafricano para sacar a los japoneses de la perjudicial ley que impedía la inmigración de los nipones, esos esfuerzos fueron continuados después de la apertura del consulado en Cape Town en 1918 por el cónsul nombrado en ese momento Yaoichi Shimizu[3]. No fue hasta los años treinta, después de dos décadas de gestiones que los japoneses quedaron exentos de la onerosa ley, y pudieron entrar a tierra sudafricana.  Aunque antes ocasionalmente eran eximidos del cumplimiento de la ley sudafricana.

En los inicios de la Unión Sudafricana se documenta la presencia de un connotado geógrafo proveniente del país nipón que nos narra sus experiencias en tierra Austral africana. Es muy interesante percibir como las anotaciones de Shigetaka Shiga entroncan perfectamente con los intereses comerciales de Japón, relacionados con la insistencia del gobierno nipón para poder ganarse un espacio en ese mercado. Como expresó Shiga entre sus memorias: “(…) el poder adquisitivo del consumidor en ese país era alto, especialmente en la colonia de El Cabo (…)”  (Kawasaki, 2002, p. 19).

El experimentado geógrafo visitó en dos ocasiones el país Austral, un primer viaje que se realizó en el mismo año de la conformación de la Unión Sudafricana, en ese escenario Shiga resaltó algunos aspectos de la vida de las comunidades asiáticas en Sudáfrica que luchaban por sus derechos políticos preteridos. Uno de los elementos más interesantes que salen a relucir, desde el punto de vista social, con relación a la presencia asiática es la equidistancia que mantuvo desde un inicio la exigua pero muy activa económicamente comunidad japonesa de Sudáfrica con respecto a otras comunidades asiáticas como indios y malayos.

Por otro lado, es notable la presencia discontinua de japoneses en Sudáfrica, incluso de objetos y cerámicas antiguas de Japón, algunas de las cuales habían llegado a esa tierra por medio de barcos alemanes que naufragaron en el Cabo de Buena Esperanza, y luego fueron expuestas en museos sudafricanos, en la residencia de Cecil Rhodes y otros destinos.   Todo parece indicar que Sudáfrica era un lugar de tránsito para los japoneses antes de la apertura del Canal de Suez, un destino de tránsito o intermedio entre Japón y Europa. Era una ruta utilizada por los japoneses que iban a estudiar a Europa, algunos de ellos regresaban a través del mismo itinerario de regreso a su tierra[4].

Décadas de relaciones consulares, desde 1910 y durante toda la época de entreguerras arrojaron un saldo de crecimiento de las mercancías japonesas en el mercado sudafricano, mientras paralelamente los representantes oficiales del país nipón contribuyeron a remover las barreras de la inmigración creadas por la ley de 1913. Paulatinamente, los japoneses irían ganando espacios en esa dirección, no solo por la tozudez de los representantes de Japón sino por la fuerza de la economía japonesa dentro del país Austral. Después de años de representación consular, sería abierta una delegación oficial en 1937, mientras los intereses del país del Orange eran representados por la Embajada británica en Japón.

Comportamiento de las relaciones comerciales durante la época del Apartheid.   

Después de la Segunda Guerra Mundial Japón reconstruyó su presencia en la arena internacional, principalmente con el bloque de las potencias occidentales en la Guerra Fría.  Los lazos con Sudáfrica se hicieron más visibles en los años sesenta. Japón necesitaba un abastecimiento estable de materias primas para el desarrollo de sus industrias de alta tecnología, mientras Sudáfrica, tenía en su suelo muchos de aquellos minerales y materiales de los que Japón carecía. Entre los años sesenta y ochenta hubo un salto cualitativo en el volumen de esas relaciones comerciales, cuando paradójicamente Japón había prohibido las inversiones directas de los ciudadanos japoneses [5]. (Ver gráfico No 1)

Gráfico No 1. Comercio de Japón con Sudáfrica (En millones de dólares americanos)

Año Importación Exportación
1976 938.50 883.35
1977 1014.77 853.37
1978 921.50 868.29
1981 1556.20 1991.06
1982 1860.28 1667.27
1983 1584.00 1736.50
1984 1603.40 1825.36

Fuente: Africa Contemporary Record 1979-1980: Customs Bureau, Ministry of Finance, Tokyo; Japan Tariff Association; Africa No 147, November 1983. (Tomado de Richard J. Payne. Japan`s South Africa policy: Political Rhetorics and Economic realities)

Japón se insertó como un socio privilegiado dentro de aquel escenario, lo cual explicaba la permisividad con el régimen racista y los gestos del gobierno sudafricano hacia la población japonesa. Ese crecimiento económico se mantuvo en escalada hasta finales de los años ochenta, por lo que Japón hizo abstracción de las sanciones internacionales y hasta cierto punto su situación económica le hizo que levantara un muro frente a cualquier argumento moral, que quedó desmontado ante una política pragmática que pretendía separar la política de los negocios. Japón continuó importando minerales y materiales raros que eran utilizados en las industrias tecnológicas y Sudáfrica se convirtió en un proveedor estable.

El crecimiento de las relaciones bilaterales a partir de los años sesenta estimuló al gobierno sudafricano a otorgarle a los japoneses un tratamiento especial como “honorary whites”, que nos recuerda el trato privilegiado de la época de entreguerras y provocó el debate en Naciones Unidas al que nos referimos anteriormente. El núcleo duro de la pequeña comunidad japonesa se encontraba en las principales urbes sudafricanas (Ver gráfico No 2).

Japón mantuvo el crecimiento del consumo de productos como el vanadio, cromo, manganeso, platino que estimularon el desarrollo de las industrias japonesas como la naval, la electrónica, la eléctrica, la automovilística y otras. Por otro lado, importaba de Sudáfrica producciones como cítricos, huevos y lana.

La nación nipona se nutría de esas dos principales vertientes de la economía sudafricana: la minería y el agro. Productos tradicionales del agro sudafricano como el azúcar tenían una plaza de consumo importante en el mercado japonés. Mientras, este se convirtió en una variable determinante del progreso, el crecimiento económico y los procesos de industrialización de Sudáfrica.

Gráfico No 2.  Comunidad japonesa en las principales ciudades de Sudáfrica.

Año Ciudad del Cabo Johannesburgo Pretoria Durban
1975 40 516 23 11
1985 45 679 24 33
1990 52 425 24 19
1995 2517 523 51 30
2000 499 460 104 114

Fuente: Tomado de Seiro Kawasaki. The policy of Apartheid and the Japanese in the Republic of South Africa.

 

La prohibición de Japón de inversión directa de sus ciudadanos en Sudáfrica era un recurso político de Japón de cara a las Naciones Unidas, principalmente frente al rechazo de las naciones africanas y asiáticas que se oponían al contubernio japonés. Esa herramienta prohibitiva fue evadida épicamente por la élite japonesa, a través de un sinfín de vericuetos financieros que canalizaron la inversión indirecta de Japón, muchas veces promovida por el propio Estado. Uno de los sectores que se convirtió en la punta de lanza de la inversión japonesa en Sudáfrica a partir de los años sesenta fue el automovilístico. Los investigadores han reflejado como un momento simbólico la creación de la primera planta de Toyota en 1962, que abrió una puerta para la inversión en este sector y otras empresas que ulteriormente se establecieron en tierra sudafricana como Nissan, Mitsubishi, Isuzu y Mazda. Toyota llegó a convertirse en el principal fabricante de automóviles del país. (Ver gráfico No 3)

 Gráfico No 3. Principales productos comerciales en 1985. (Valor en millones de dólares americanos)

Exportaciones japonesas a Sudáfrica   Importaciones japonesas desde Sudáfrica  
Autos 369 Carbón 378
Componentes de autos 206 Minerales metálicos 289
Video grabadoras 91 Platino 246
Radio y televisión 51 Aleaciones ferrosas 160
Motores y generadores 44 Oro 52

Fuente: Embajada de Japón en Washington D.C (Tomado de de Richard J. Payne. Japan`s South Africa policy: Political Rhetorics and Economic realities)

 

El proceso de exportación de capitales de transferencias de patentes y tecnologías, de instalación de fábricas japonesas se extendió a otros sectores como los fabricantes de neumáticos como Bridgestone, Yokohama, Toyo Rubber y otros productores de equipos electrónicos y eléctricos como Hitashi, Sanyo, Sony, Sharp, Pioneer, Sansui, Fuji, Akai Canon y Matsushiti y los fabricantes de motos Honda, Yamaha y Suzuki. Ese crecimiento no se detuvo hasta finales de los años ochenta como resultado de la crisis final del Apartheid y la represión que condujeron a una contracción de la economía producto del aislamiento internacional, que incluso tuvieron que seguir a regañadientes sus socios más cercanos como Estados Unidos y Japón.

Las relaciones entre Japón y Sudáfrica entre las décadas de los años sesenta y los ochenta fueron un ejemplo del pragmatismo económico que caracterizó los vínculos bilaterales entre ambas naciones, principalmente desde la óptica japonesa capaz de sobreponerse a cualquier cuestionamiento moral y seguir un ritmo de crecimiento exponencial que no tenía comparación en las relaciones de Japón con ningún otro país africano. Japón desarrolló la exportación de maquinaria pesada y de tecnologías transformando el tradicional comercio japonés de bienes industriales y textiles. Para el año 1987 esa industria pesada ocupaba más del 90% de las exportaciones de Japón a Sudáfrica.

Por su parte las exportaciones de Sudáfrica a Japón también experimentaron una transformación porque el protagonismo que ocupaban los productos agro-ganaderos fue desplazado por los recursos minerales sudafricanos que incrementaron su exportación a Japón en gran escala. El chromo, manganeso, rodio, iridio, platino, cobalto, vanadio, tungsteno eran altamente codiciados por las industrias tecnológicas japonesas, muchas de las cuales transferían después sus tecnologías y recursos financieros para la creación de fábricas y plantas ensambladoras en tierra sudafricana. (Carim, 1994, p. 25)

La inversión indirecta japonesa estuvo caracterizada por la creación de infinidad de canales financieros y económicos que tributaron a ese drenaje de recursos tecnológicos y monetarios que contribuyeron a la industrialización de Sudáfrica con recursos japoneses. El banco de exportación-importación (Eximbank) fue una de aquellas instituciones que facilitaron a Japón la adquisición de los preciados recursos de Sudáfrica y a través de la extensión de créditos y de recursos para las inversiones en desarrollo. (Carim, 1994)

El país asiático cubrió a Sudáfrica con la tecnología japonesa a través del otorgamiento de licencias por parte de aquellas grandes corporaciones, con el apoyo del gobierno japonés y los créditos del Eximbank. Para evadir la prohibición formal de Japón con relación a las inversiones, muchas empresas invertían a través de subsidiarias o se aliaban con el capital local sudafricano. El drenaje de recursos incluía patentes, tecnologías, recursos humanos y técnicos que facilitaban los procesos inversionistas.

Ese crecimiento y niponización relativa de la inversión extranjera sudafricana contribuyó al enfrentamiento, por parte del régimen sudafricano de las sanciones internacionales que le cerraban el cerco desde el escenario internacional, sin embargo, los principales socios como Estados Unidos y Japón hicieron caso omiso del consenso internacional. En los años ochenta siguió ese proceso expansivo que no se detuvo hasta finales de la década, en plena agonía del régimen. Para 1989 las empresas niponas dominaban el 97% del mercado de ómnibus y camiones, y los automóviles japoneses ocupaban alrededor del 85% del mercado sudafricano (Carim, 1994). Incluso con toda la afectación de fines de los ochenta e inicios de los noventa como resultado de la caída del Apartheid, Japón continuó ocupando un lugar muy importante en la economía sudafricana.

Relanzamiento de las relaciones entre Sudáfrica y Japón después del Apartheid

Con el fin de la Guerra Fría y la caída del Apartheid, Japón inició un replanteamiento de sus relaciones exteriores con el continente africano y con Sudáfrica en particular. En relación con África, por la necesidad de abrirse un espacio como gran potencia en la política internacional y con respecto a Sudáfrica para poder reconstruir las relaciones con las nuevas fuerzas políticas que derrotaron al régimen con el que Japón había colaborado a lo largo de décadas.

Los años noventa representaron un nuevo punto de inflexión histórica en las relaciones entre Japón y Sudáfrica. La nación asiática entraba en la nueva época con una situación delicada por haber colaborado durante décadas con el régimen del Apartheid, por tanto, gravitaba el peligro de que el nuevo gobierno del ANC, con Mandela al frente, quisiera pasar factura por el colaboracionismo japonés con el gobierno racista.

Japón por otra parte comenzó a tener una política más activa en relación con África, para tales objetivos creó una herramienta institucional dentro de los organismos de Naciones Unidas bajo el nombre de Tokyo  International Conference on African Development (TICAD) que se ha materializado a través de conferencias que se celebran periódicamente donde se aprueban agendas para contribuir al desarrollo del continente. Japón lanzó aquella idea con el objetivo de desempeñar un papel predominante en la política mundial, a partir de su poderío económico y sus desembolsos para la contribución al desarrollo de África. Los japoneses tenían la ventaja de no haber sido una de las grandes potencias coloniales en el continente y por tanto un mejor augurio de sus objetivos en relación con el continente africano.

Esa política hacia África, desde finales del siglo XX y en el transcurso del siglo XXI, había estado muy concentrada en los programas de apoyo al desarrollo africano, a colaborar con los organismos internacionales y regionales con el mantenimiento de la paz en zonas de conflicto, y también desde el punto de vista académico y científico que se ha incrementado entre las instituciones japonesas y de diversos países africanos. En el caso de la asistencia financiera ha estado muy articulada con el ambiente de apertura política en el continente africano y desregulación económica y de empoderamiento de nuevos sectores, favorecidos por los organismos internacionales a fines del siglo XX.

Desde los años noventa la política japonesa hacia África se ha desconcentrado de su núcleo sudafricano y, al mismo tiempo, se han continuado fomentando las relaciones con el país Austral. Con la llegada de Mandela al poder se reflejó la constante japonesa de dar continuidad a sus proyectos económicos con Sudáfrica, pero en esta ocasión atrayendo al nuevo gobierno a través de determinados programas. Cuando no había finalizado el Apartheid las empresas japonesas empezaron a darle un vuelco filantrópico a su presencia en Sudáfrica, que se tradujo en apoyo a las víctimas del Apartheid, de la comunidad negra, lo cual reflejaba el trazado de una estrategia en función del nuevo vencedor. En el verano de 1995 Mandela fue invitado a realizar una visita de Estado al país del sol naciente. Poco antes de su llegada el Ministro japonés de Relaciones Exteriores emitió un documento bajo el título “La importancia de la visita del presidente Mandela a Japón” que reflejaba la esencia de la diplomacia japonesa hacia África y Sudáfrica en los nuevos tiempos que corrían, en esa dirección expresaba que:

(…) La relación de Japón con Sudáfrica es la piedra angular de la diplomacia japonesa hacia África. Con el fin del Apartheid, el carisma y liderazgo del presidente Mandela serán indispensables para el desarrollo estable y la preservación de la unidad de la multirracial Sudáfrica. Japón por este medio expresa su apoyo al liderazgo del presidente (Morikawa, 2005, p. 502-503).

Japón se había esforzado por reconstruir sus lazos con la nueva Sudáfrica, esta vez las relaciones empezaron a desarrollarse a nivel de embajada a partir del año 1992, por lo que el exclusivismo económico de la época precedente cedió paso a relaciones profundas en las áreas diplomáticas, políticas, académicas y todas las esferas posibles. Después de la visita del presidente Mandela en 1995, ese gesto se repitió en el 2001 con el presidente Mbeki. Entre 2001 y 2002, dos primeros ministros nipones visitaron Sudáfrica, Yoshiro Mori y Junichiro Koizumi respectivamente.

Por supuesto, siguió el proceso de expansión en la esfera económica, con un avance de la diplomacia económica como no se había visto durante el viejo régimen, como los Fórum Anuales de negocios que se realizaron a partir del año 2001, mientras el volumen de la actividad comercial se recuperó a mediados de los noventa superando los 3 billones de dólares en el año 1996. Dentro del ambiente de la reconstrucción de las relaciones bilaterales en los años noventa, Japón otorgó dos paquetes de ayuda conocidos como los paquetes Mandela y Mbeki en 1994 y 1999 por un valor de 1,3 billones de dólares y 1,5 billones de dólares “Como parte de las gestiones y de las intenciones de construir buenas relaciones con el nuevo liderazgo sudafricano” (Cornelissen, 2016, p. 190) .

En el nuevo siglo XXI se multiplicaron los intercambios y diversas herramientas institucionales que favorecieron esa sinergia. Los eventos de negocios, la firma de un acuerdo para la cooperación en las áreas científica y tecnológica en 2003, Joint Trade Committee del 2004, el Economic Cooperation Policy Committee de 2005, el South Africa-Japan University Forum en 2007, este último para facilitar el intercambio en el área académica.

La diversificación de los intercambios y la redimensión de las relaciones bilaterales no ha estado exenta de contradicciones, principalmente en los organismos multilaterales porque en las políticas exteriores de ambos países, Japón responde desde la lógica de una gran potencia y Sudáfrica desde la perspectiva de un país en desarrollo y emergente.  Por tanto, en la geopolítica internacional ambos Estados están gravitando en órbitas diferentes, dicho en términos moderados, en temas relacionados con el orden financiero internacional, los problemas globales como el cambio climático, pues se aprecian criterios divergentes de ambos países en los espacios multilaterales.

Desde el gobierno del presidente Zuma se observó una orientación pro-china de las relaciones exteriores sudafricanas que evidentemente siguieron una tendencia de privilegiar la alianza con el gigante asiático, principalmente dentro del marco del BRICS. No obstante, el año 2010 fue de celebración para Sudáfrica y Japón por el centenario de las relaciones entre ambas naciones, contexto en el que se firmaron diversos acuerdos de cooperación y se creó en Johannesburgo un Centro de Estudios Japoneses que ulteriormente se trasladó a Pretoria.

La ocupación de determinados espacios por parte de China, que otrora los hubiese cubierto Japón, se reflejó en determinados gestos como en la declinación de un tratado económico con Japón en la época del presidente Zuma, determinados desacuerdos en los proyectos de infraestructura con los japoneses y en los acuerdos para la entrega de mil locomotoras con la empresa china ‘’China South Rail’’ y la empresa canadiense Bombardier. No obstante, Japón se estaba preparando para la época post-Zuma con el objetivo de relanzar las relaciones con Sudáfrica y recuperar los espacios privilegiados, relativamente perdidos por la presencia China y de otros actores internacionales.

El país asiático ha demostrado, a lo largo de más de un siglo una constancia en las relaciones con Sudáfrica que ha rendido no pocos resultados, y ser capaz de adaptarse a los disímiles contextos de la historia política de la nación del río Orange.

En el 2025, con 115 años de relaciones, Japón y Sudáfrica han fortalecido sus vínculos a través de la Asociación de Cooperación Estratégica establecida en el año 2010. En marzo del presente año visitó el país asiático el vicepresidente sudafricano Paul Mashatile, quien reafirmó el excelente estado de las relaciones económicas y la voluntad de seguir creciendo en los intercambios comerciales y culturales. (P. Latina (a), 2025) En el mes de agosto de 2025 visitó Japón el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, quien encabezó una delegación que participó en la novena cumbre de la Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África (TICAD) la cual sesionó en la ciudad nipona de Yokohama. Este cónclave se organizó en tres sesiones plenarias dedicadas al abordaje de un conjunto de problemas comunes como el desarrollo sostenible, la actividad comercial y la consolidación de un ambiente de seguridad y paz. El país Austral además de estar interesado en la agenda propia, promovió toda una serie de principios que forman parte de la estrategia de la Unión Africana. Por supuesto, el país de Mandela también llegó a la nación del sol naciente con el interés de fortalecer los vínculos históricos con el empresariado japonés. (P. Latina (b), 2025) Sudáfrica y Japón han demostrado a lo largo del tiempo saber relanzar sus vínculos a nuevos niveles y dimensiones con un carácter ventajoso para las partes involucradas.

Conclusiones

La histórica relación entre Japón y Sudáfrica está marcada por disímiles escenarios que han determinado el trazado de la evolución histórica de ambos pueblos y de las relaciones internacionales durante el siglo XX. De una presencia accidentada y esporádica como parte de la ruta japonesa hacia el continente europeo, el país asiático a partir de las transformaciones estructurales implementadas por el Meiji encontró un nuevo asidero para la salida de sus mercancías en la época del nacimiento de los imperialismos a fines del siglo XIX e inicios del XX, principalmente después de los conflictos de Japón con China y Rusia a inicios del pasado siglo, que le preparó para una vida exterior mucho más activa. A través del comercio nipón y de una minúscula comunidad japonesa, que se fue conformando en los principales centros urbanos, el país del sol naciente encontró una puerta de entrada, una ruta para su relación con el continente africano.

La fuerza de la economía japonesa tuvo un impacto en la relación entre ambos gobiernos que se reflejó muy claramente en la flexibilización de la ley migratoria con relación a la comunidad nipona y el tratamiento a la misma en suelo sudafricano. La época de entreguerras fue un periodo de incremento de las relaciones comerciales y diplomática, más allá de las crisis económicas internacionales y del tratamiento discriminatorio a las mercancías japonesas como resultado del proteccionismo sudafricano. La Segunda Guerra Mundial fue una época de contracción de las relaciones entre ambas naciones, pues los Estados se encontraban en coaliciones diferentes en dicha confrontación bélica mundial. Sin embargo, ya Japón había encontrado un mercado interesante para sus mercancías y también por la necesidad de importar los productos sudafricanos por esta razón, después de la guerra, Japón reconstruyó ágilmente sus relaciones con Sudáfrica, a pesar de los inconvenientes políticos resultantes de la emergencia del régimen del Apartheid.

Después del Apartheid las relaciones entre ambas naciones escalaron a nivel de embajadas y a fines del siglo XX y lo que va del XXI se han desarrollado disímiles canales institucionales que han favorecido las relaciones en diversas dimensiones diplomática, académica, política y por supuesto la económica, aunque en el presente siglo Japón tenga una mayor competencia que en los tiempos del Apartheid, favorecido por las sanciones.  El país Austral se ha abierto a otros actores internaciones que dominan actualmente el escenario de las relaciones económicas como China, Estados Unidos, Alemania y la India.

Sudáfrica, al mismo tiempo, representó una zona de relanzamiento de las relaciones niponas con el continente africano, aunque esos vínculos no tienen que estar concentrados en las relaciones económicas como ha ocurrido históricamente con Sudáfrica. Japón mantiene con otros países del continente a través del TICAD, diferentes intereses de tipo geopolítico y estratégico. Sudáfrica ha desempeñado un papel importante en el desarrollo de las industrias tecnológicas japonesas, mientras que Japón ha tenido una fuerte presencia tradicional en los proyectos de desarrollo del país de Mandela, pero cada vez más marcado por un escenario de competencia entre las grandes potencias y naciones emergentes en el ámbito económico sudafricano.

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

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Prensa Latina (b)(2025). Presidente sudafricano en Japón para fortalecer la cooperación. En: https://www.prensa-latina.cu/2025/08/19/presidente-sudafricano-en-japon-para-fortalecer-la-cooperacion/

 

 

 

 

     

 

 

[1] Esos informes consulares provenientes de diferentes lugares del mundo tenían la finalidad de brindar al país del sol naciente información sobre una infinidad de detalles de la vida comercial y económica de los lugares de origen del informe. Los nombres de los comerciantes, de las actividades de las principales casas comerciales, de los principales productos y de los vaivenes del mercado se explicitaban en dichos documentos. Los informes consulares se publicaban y se colocaba en manos de las principales instituciones del Estado y de los comerciantes japoneses, posibles interesados en esos intercambios.

[2] Julius Jeppe nació en Dinamarca y emigró a Sudáfrica en la segunda mitad del siglo XIX. Jeppe se estableció en Johannesburgo y se convirtió en la principal carta de triunfo del imperio japonés en Sudáfrica, a inicios del siglo XX, realizando labores consulares para el Estado nipón sin haber sido un diplomático de carrera.

[3] El investigador Seiro Kawasaki profundiza en la labor de los consulados durante aquella etapa fundacional de las relaciones sudafricano-niponas.

[4] Kawasaki hace referencia a un pasaje en las memorias de Shiga en que un estudiante de nombre Takeaki Enomoto (1836-1908) fue a estudiar a Holanda por esa ruta, de ida y de regreso.

[5] Las exportaciones del país asiático a Sudáfrica en 1962 sumaban un monto de 60 millones, mientras que en el año 1980 esa cifra se multiplica varias veces a un monto de 1,8 billones de dólares. Por otro lado, las importaciones habían crecido de 119 millones a 1,744 billones de dólares. En 1983 el volumen del comercio bilateral entre ambos países era de más de tres billones de dólares. Este último año el comercio de Japón con Sudáfrica era el 32 % de las exportaciones al continente africano y el 49 de las importaciones de África.

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